Nintendo.
El año está siendo verdaderamente prometedor. Más allá del exitazo de títulos tan mediáticos como Elden Ring, Horizon Forbidden, Gran Turismo 7 o God of War, el repertorio de material que las grandes compañías están sacando a la luz en este 2022 da para un ranking exhaustivo centrado en los más célebres del primer semestre, y eso que todavía están pendiente de lanzamiento joyitas tan sugestivas como Xenoblade Chronicles 3 o The Callisto Protocol. Ahora bien, no sólo de taquilla vive el jugador; también existe un escenario más discreto, alejado del relumbrón de la fama, en el que de igual modo se cuecen interesantísimas propuestas dignas de mención. En este caso, hemos decidido poner el foco sobre aquellos videojuegos que, sin haber logrado una fuerte repercusión mediática, sí han conseguido dejar su sello en estos primeros seis meses de curso. Aquí van tres de ellos.
OlliOlli World
El ranking lo abrimos a golpe de skateboarding indie con OlliOlli World, la tercera parte de una saga que arrancó hace ocho años y que sigue dejando formidables sensaciones en una mecánica como el auto-runner, que a priori podría resultar algo limitada y previsible. De entrada, se trata de un plataformas 2D que con el paso del tiempo ha ido madurando significativamente en el apartado gráfico, pasando del minimalismo y del pixel art planteado en sus inicios al detalle que aportan a día de hoy sus dibujos hechos a mano y la amplia gama de colores que utiliza.
Si el enriquecimiento visual convence en el primer golpe de vista, tampoco defrauda la evolución que OlliOlli ha seguido en la amplitud de escenarios, rutas, mapas, ramificación de caminos y demás opciones que configuran el espacio transitable. El apellido World deja intuir que la propuesta gana mucho en este sentido, donde resalta la incorporación de áreas temáticas en las que la sensación del reto constante no se desinfla: cuanto mayor y mejor sea la sucesión de trucos y combos, más alta será la puntuación obtenida. Un amplio abanico de misiones y niveles se encarga de ello, sin perder además la historia de fondo que el juego incorpora,
Si bien es cierto que en un primer momento el carácter intuitivo de los controles facilita mucho el aprendizaje, OlliOlli se caracteriza por exigir grandes dosis de práctica a quien desee extraerle todo su potencial. No resulta fácil dominar el ramillete de movimientos que trae consigo ni conocer en profundidad los secretos que encierra el asfalto. Como valor añadido, destaca el menú de personalización estética del personaje y la opción de jugar online. Está disponible en PC, PS4, One, PS5, Series y Switch.
Rogue Legacy 2
La segunda plaza es para Rogue Legacy 2, un roguelike que llega para dejar claro que el género, con más de cuarenta años de trayectoria, sigue más vivo que nunca. En este caso, la desarrolladora Cellar Door Games nos ha dejado una secuela que supera en mucho a la primera parte. El título regresa a la acción, a las mazmorras y al aire de rol y fantasía en plataformas de dos dimensiones para proponer un contenido que engancha desde el primer minuto. Se trata de una aventura ambientada en un castillo en la que el jugador, que representa a una dinastía entera, deberá ir descubriendo diferentes salas y superando enemigos despreciables para llegar al final del recorrido.
Evidentemente, el asunto no será sencillo, y es que el sentido procedural de las sesiones le aporta esa dosis de superación y reto inagotables tan propia de los roguelike: cada vez que muere un personaje, se pierden los logros alcanzados hasta ese momento y toca empezar de cero. Cada inicio de partida -no hay dos iguales- trae consigo multitud de cambios fortuitos en cada uno de los elementos que articulan el juego, por lo que la sensación de incertidumbre está presente todo el rato.
Esto es gracias a la tecnología RNG (Random number generator), un sistema que se ocupa de crear combinaciones de números aleatoriamente, lo que llevado a una aventura gráfica se traduce en la renovación constante de mapas, objetos, salas, personajes, etcétera. Se trata de un software que lleva años funcionando a la perfección en aquellos entornos de internet en los que el uso de la aleatoriedad se vuelve imprescindible. Así, lo encontramos por ejemplo en las pasarelas de pago del comercio electrónico, donde es necesario generar claves personales de identificación, o en las plataformas de juegos de azar, donde se encarga de aportar el factor suerte que requieren las tragaperras online, la ruleta, el bingo o el póker. La industria del juego plantea de este forma una herramienta que ayuda a que las partidas no respondan a un patrón predecible, una característica que favorece la jugabilidad en estos espacios y que evita que se produzcan manipulaciones que puedan pervertir el tono azaroso de las distintas partidas.
Norco
Por último, el tercer puesto es para Norco, una aventura de exploración narrativa disponible en PC y hecha a base de ritmo pausado y corte distópico. El juego propone la resolución de una historia que está llena de misterios y que se desarrolla al calor de una atmósfera inquietante en la zona sureña de los Estados Unidos, en la ciudad de Norco, cerca de Nueva Orleans. La protagonista de la trama regresa tras la muerte de su madre y se encuentra con un lugar en el que la explosión de la refinería local de petróleo ha dejado un clima marcado por la decadencia y el pesimismo, que en ocasiones se dan la mano con la sátira más surrealista. Todo ello, contado a través de un guion de primer nivel y con una misión de por medio que se ocupa de vertebrar el juego en sus primeros compases: buscar al hermano desaparecido del personaje principal.
En lo que a jugabilidad se refiere, este viaje a la América profunda que plantea Norco es un clásico ejemplo de point and click en el que ganan un peso decisivo las mecánicas propias del género. Es decir, el jugador estará limitado al uso del ratón, por lo que para desenvolverse deberá reaccionar ante objetos, seleccionar opciones en los cuadros de diálogo o, entre otras cosas, ir desbloqueando los pensamientos que configuran su mapa mental, que facilitará la resolución de la historia. Del resto se ocupa un minucioso tratamiento de la línea estética, donde el uso del pixel art busca un tono de ciberpunk que se acaba volviendo especialmente identitario. La banda sonora es de Gewgawly I, que siempre es un punto a favor.
