La C.O.S.A. Creación comunitaria sobre ruedas.

Una crónica del proyecto por Chico trópico

Cuando Pedro salió de la caravana a tomarse un descanso, después de haber grabado a Raúl de 11 años, cantando la ‘Nana del Caballo’ de Camarón, Eliseo subió como uno más de tantos niños que querían aporrear la batería durante un rato. Pero al primer golpe, supimos que aquello era de otro planeta: ¿Un niño de siete años tocando una improvisación a la batería al más puro estilo Tony Allen-Fela Kuti? Christian y Pedro cogieron guitarra y bajo y se arrancaron durante más de 6 minutos en un delirio afro-psych-funk que dejó boquiabiertos a los vecinos y vecinas agolpados alrededor de la caravana. La emoción se instaló en la plaza de la Calle Godella de San Cristóbal, y se mantuvo ardiente cuando subió Triplegata a grabar dos de sus composiciones, cuando el Coro Juvenil Corinto se apostó en las ventanas de la caravana mientras su director los dirigía desde el interior, o cuando, entrada la noche, Eliseo regresó con sus padres a tocar una canción tradicional de Nigeria.

 

Pero ¿qué cosa es ésta? En efecto, la C.O.S.A. no es cualquier cosa. Es una estación móvil de grabación y experimentación sonora de proximidad, un sistema de sonido ambulante al servicio de los ciudadanos o según sus siglas, un Centro Organizado de Sonido Ambulante, que llega a los barrios entonando una cantinela que bien podría ser la del tapicero o cualquier servicio ‘puerta a puerta’.

Cuando compramos una caravana destartalada en algún polígono industrial de Seseña, y arrancamos con una reforma a contrarreloj ayudados por un buen puñado de amigos, no imaginábamos que íbamos a abrirnos una botella de vino cada noche de grabación llorando abrazados al escuchar lo registrado. Tampoco que íbamos a entablar lazos tan poderosos con niños, jóvenes y mayores de Villaverde ni que íbamos a grabar 5 discos tan sorprendentes y llenos de creatividad y talento. De música coral, a rap, de reguetón a trap, de blues a cantes flamencos, de canción de autora a arias de ópera, de copla a punk y rocknroll. 

Werty y Sara Lasfar (Medusa) lo saben bien. También Paulo, Chelota , Triplegata y Alfonso (Urban Shuffer). Ellos y ellas nos acompañaron durante prácticamente las 8 ocasiones en que La COSA aparcó en las calles y plazas de Villaverde (también bajo un puente de Colores) e hicieron uso creativo constante de la caravana, de sus instrumentos y de la producción de Chico-Trópico puesta a su disposición. Ellos conocieron bien la magia que sucedía cuando aparcábamos nuestro estudio ambulante y se convertía de pronto en un polo de atracción comunitaria, con multitud de participantes que convocados previamente o atraídos por la novedad del servicio, pasaron a grabar, cantar, tocar, a improvisar en conjunto o en solitario y a desarrollar su creatividad en comunidad.




 



La COSA circuló y paró a ambos lados de la Avenida de Andalucía, en los parque del Cruce y de la Amistad, en San Cristóbal, en Godella y en el Puente de Colores, en el Parque de Ciudad de Los Ángeles, El Espinillo y la Plaza de los Metales de Butarque, y en Las Torres de Villaverde Alto.

En la última jornada, ya con el frío de finales de noviembre, fuimos a grabar una vez más sonidos del entorno, una actividad, la del ‘Sampleo vecinal’, que se sumaba a las grabaciones en el interior de la caravana. El mercado de los sábados en Villaverde Alto estaba por cerrar, pero los sonidos de los puestos en recogida, los hierros y las cajas de frutas hicieron sus melodías. Cada barrio de Villaverde hizo música con sus sonidos, con los juegos sonoros de sus vecinos.

 


Allí, entre caja de fruta que va y viene, nos hablaron de Lalo de Las Torres, que era el capo di capi de los músicos gitanos del barrio: ‘Grábenlo a él, toca en todas partes, todos lo conocen’. Cuando bajó Lalo al Jardin del Tío Basilio, vino acompañado de una camarilla de cómplices, incluido su hijo, que lo secundaron a los coros, a las palmas, a la guitarra, al bajo, al cajón. Se armó tremendo jolgorio. Lalo estaba ronco, había amanecido cantando en los bajos de Las Torres, de fiesta eterna, pero ‘Aire’, la canción que grabó con su Grupo Cachimba, suena fresca y pegadiza como el abanico que corea en el estribillo. Eso fue otro rato brujo.



Aquel mismo día los de Fario, banda de amigos que andan petándolo con su primer disco ‘Tu aguijón’, se grabaron unos temas acompañados por José y su hermano, que se bajaron el cajón flamenco y decían no haber escuchado nunca una música así: un cruce raro entre la Velvet, Broadcast y la espiritualidad y arraigo de una Mercedes Sosa. Pasamos el día juntos, escuchándonos unos a otros. Y eso es mucho.

Todos esos mejunjes y muchos más pasaron en La COSA. Villaverde ya tiene su mapa sonoro. Y La COSA un barrio al que volver una y otra vez.  

Podéis escuchar todos los discos en  https://chicotropico.bandcamp.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *