Cuando se habla de herramientas, nos referimos a uno de los indicadores más importantes de evolución. Desde que aprendimos a utilizar objetos de nuestro entorno para crear, forjar y construir, básicamente emprendimos un camino de evolución, que nos ha llevado a lo largo de un viaje de desarrollo y crecimiento como especie.
Aunque muchas herramientas mantienen un esquema similar al original, otras han sido modificadas progresivamente con el pasar de los años para llegar a optimizarlas tanto como ha sido posible.
En este artículo nos centraremos en algunas herramientas como la sierra y el martillo, las cuales, complementadas por los tornillos, cinta métrica o el taladro, suelen ser los implementos más frecuentes que se pueden encontrar en un taller.
Si quieres conocer un poco acerca de la evolución de algunos de estos objetos, te invitamos a explorar algunos datos curiosos sobre estas herramientas que tanto simplifican nuestras labores en los proyectos de fin de semana.
El taladro – de lo manual a lo eléctrico
El taladro es una herramienta cuyos registros indican que fue creada en Egipto en el año 2.700 a.C. Con una larga trayectoria en la historia, este dispositivo ha representado uno de los inventos más importantes de la humanidad. Sin embargo, los cambios que ha experimentado en el tiempo, prácticamente te harían imposible la tarea de reconocer su funcionalidad en las primeras versiones.
Sin la posibilidad de automatizar su funcionamiento al no disponer de energía eléctrica, era necesario utilizar un dispositivo rotativo que permitía perforar conchas y piedras. Sin embargo, los historiadores aseguran haber encontrado rastros del uso de este dispositivo en el paleolítico.
Los primeros taladros estaban compuestos por un manillar, y funcionaban sujetándolo con una mano para proporcionar estabilidad, mientras la otra mano hacía girar el eje central para hacer rotar el sistema.
El martillo – Poder e impacto
Si nos detenemos a pensar, el martillo ha sido uno de los compañeros que durante mayor tiempo ha acompañado al hombre. Desde el simple hecho de utilizar una roca para golpear un objeto y romperlo, la mecánica de este dispositivo es bastante básica, aunque su diseño ha cambiado bastante. El material con el que se elabora la cabeza del martillo, la longitud de su mango y la forma que se le da a la punta, puede tener diferentes utilidades.
Sin embargo, haciendo un resumen, el martillo es una herramienta cuyos registros indican que fue creada en el año 8.000 a.C. Si esto es cierto, estamos utilizando el martillo desde la Edad de Piedra, y aunque su aspecto era bastante diferente al martillo de la era moderna, básicamente el objetivo era el mismo.
Los romanos se encargaron de iniciar la evolución de este artefacto, fabricando una cabeza elaborada en cobre, material que posteriormente fue sustituido por el bronce. La galería de versiones que podemos encontrar en los martillos, nos muestra algunos modelos como el martillo de bola, de orejas o el martillo de cuña, los cuales, pueden variar según la funcionalidad para la que han sido creados.
La sierra – Un aliado de corte
El uso de la sierra es bastante frecuente en la carpintería, uno de los oficios más antiguos. Es probable que su invención se haya registrado en el Antiguo Egipto, pues los registros indican que sus primeras versiones datan del año 2.000 y 3.000 a.C.
Sin embargo, las investigaciones han arrojado que la sierra fue utilizada en la Edad de Piedra también. Cuando alcanzamos la época romana, la madera era indispensable para la construcción, así que, el uso de la sierra era determinante.
Sus primeras versiones eran trozos de roca o metal denodado, capaces de comerse la madera con un movimiento manual. Hoy en día, se pueden encontrar versiones como la sierra circular, la sierra hidráulica o la de incisión.
Es fascinante evidenciar cómo las herramientas han sufrido cambios espectaculares, mientras que otras mantienen un esquema bastante tradicional. Objetos de medición, como la cinta métrica o medidor láser, han surgido como producto de una necesidad.
Esto demuestra sucesivamente que el hombre es capaz de lograr, a través de la simplificación, la optimización de ciertos trabajos que hasta hace unos siglos demandaban un esfuerzo mayor.
